Incursión en “la emoción de las cosas”

angeles_mastretta

Víctor Manuel Barceló R.

Es principio de año y se antoja ir a lecturas de otra índole, aquellas que nos alejen: de las penurias de la existencia en muchos, de los dolores de pueblos enteros masacrados impunemente, de corazones heridos por la pérdida inesperada y brutal de un consanguíneo o amigo entrañable, de los sufrimientos de nuestro pueblo con miles de muertos y desaparecidos, incluidos estudiantes de normales y otras instituciones.

Pensando en ello “cayó en mis manos” un libro, que tenía en mi lista de lecturas, obsequio de una dama amiga y admirada como persona, como escritora y como analítica de caracteres y formas de vida, que le han dado –uso esa forma versal que no me gusta- le han dado repito, premios nacionales, críticas en diversos países y lenguas de su obra y que me dejó un sabor de boca irreductible.

El título es una recreación novelizada de una expresión poética de Machado –el español preclaro- misma que además está inscrita en preferente sitio dentro del libro –¡ah el placer de tomar, oler, sentir una obra literaria en papel!- más cuando mezcla plácida y apasionadamente, episodios bibliográficos con bellas fotos impresas o narradas con maestría tal, que permite visualizarlas con la mayor objetividad.

Retrasé un tiempo su lectura –la tercera obra de la autora que degusto- por razones de trabajo y demasiado tiempo en internet, así como  preocupaciones plasmadas, semana a semana, desde hace tres décadas, dedicadas a vislumbrar: que pasa por el mundo, como evoluciona la educación en nuestro continente o en el país, los avances en la lucha antiimperialista en América Latina, los nuevos liderazgos planetarios y otros temas que parecieran de la mayor importancia, cuando ver hacia el interior de uno mismo y plasmarlo en letras, tiene un valor aún mayor, incalculable.

Eso es lo que nos muestra La emoción de las cosas. Es una retrospección familiar antes que otra cosa, plena de valentía para pintar, con los colores de la nostalgia, a veces del dolor y siempre de la alegría y el placer que corresponde a familias que traen de sus orígenes: formas de ser, cultura ancestral, vigorosa, imposible de hacer a un lado -a pesar de la distancia y el tiempo- y saben combinarla con las formas nativas, con las construidas en el mestizaje del centro del país –en estos sucesos- reforzándolos intensamente con sangre nueva del exterior.

En el caso presentado, todo surge de dos familias. Una venida de “allende el mar” surcando el océano; proveniente de una nación que probó a ser imperio en África pero fracasó, dejando su huella en el emigrante en busca de nuevos horizontes, pero aún impregnado del afán guerrero, mismo que hereda a un hijo de sangre liberal por su madre -la abuela como la llama Ángeles– hija de un liberal juarista que llegó a Presidente de la República, en aquellos revueltos años del siglo XIX, en que apenas se conformaba la Patria, ésta que hoy tenemos, cada vez más afectada y menos nuestra. ¡Menuda tarea parece que legaremos a nuestros descendientes para que la recuperen, antes de que se “balcanice” por designios externos!. O ¿Seremos capaces de ello en próximas décadas, en medio de la lucha por la hegemonía mundial, que no acaba de definirse?.

Así, de modo natural, sin aspavientos, con algunas reiteraciones -necesarias para retomar el hilo de la narración- va tejiendo como una hacendosa colibrí su nido, la historia de su familia, que no es solo eso; en su base, se transforma en un estudio de caso, capaz de extrapolarse a toda Puebla, al país, al Continente.  Tras la conquista, a todas partes llegaron en los primeros siglos y arriban a finales del XIX, el XX y aún ahora, extranjeros, europeos, por diversas razones. Muchos de ellos forjaron una familia y en su soporte, realizaron hazañas que llenan de orgullo a sus descendientes, Ante su origen italiano, Mastretta lo expresa con emoción, pero desmitificando a los antecesores, detallándoles de carne y hueso, con sus dolores ocultos, sus alegrías contenidas y sus sueños dilatados, viviéndolos en una ciudad y un tiempo, atribulados.

Y ahí, en el texto, de gran ligereza para lectura y profundidad incuestionada en su comprensión, van desfilando pasajes, momentos interpretados a partir y en fotos familiares, entrañables, sin afectación en las divagaciones surgidas de ellas. Conocimos y nos recreamos en la fantasía de expresiones campiranas o de ciudades medias, que son más que eso al convertirse en consejas populares, en sabias apreciaciones que la autora intuye y expresa con maestría y belleza.

Cuando toca los recuerdos de familiares que conoció, que vio o convivió con ellos, su prosa se vuelve recia, irreductible, sonora y a veces plagada de emociones, apenas si acalladas por el vendaval que se viene, por su incansable y profunda búsqueda de sus orígenes, aquí, entre los nuestros y allá, en tierras de la Italia, también integrada de diversas expresiones culturales –como nosotros- recientemente constituida en nación, como la nuestra. Porque que son cien, doscientos, trecientos años para la evolución y conformación de una identidad patria, si bien son muchos y rebasan la existencia de un ser humano, aunque este logre una longevidad mayor como consecuencia de hechos de sanidad, sin preparación universal para ejercerla.

Mucho más podría expresar de esta obra que nos llena de sabiduría -milenaria en muchos casos- con cantarinas metáforas construidas con certeza;  bien cuidada en todos sus segmentos –formato, tamaño de letra y tipo legibles, belleza en la portada impactada por una encantadora foto de las hermanas -mis amigas Verónica y la autora en su primera infancia-.

Ángeles culmina su investigación hacia dentro de su clan, con una revelación interior al escuchar “…un inmenso ruido en el jardín (¿de la casa de su madre?). Va entrando la primavera a esta ciudad. Ha llegado un grillo y la tierra suena como una filarmónica. Todo el estrépito en cuya busca salgo, está en una maceta temblando”. Pero mejor leamos en extenso esta espléndida pieza literaria, para gozarla mejor.

Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com

Villahermosa, Tab. 4-enero-2015.

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